Ni por un momento pensé en lo que podría pasar, simplemente estaba allí sentada en el banco donde te conocí observando a la gente que pasaba por el parque. Gente que sonreía, gente que lloraba, caminaba, corría... Me encantaba mirar a una persona e intentar adivinar lo que está pensando. Hasta ahora, 12 personas han pensado en el frío que hace esta mañana, 5 en lo que comerán hoy, 3 en si pasarán la Nochebuena con amigos o con la familia, y 8 en si de verdad ha merecido la pena pasear por el parque solo, para aclarar ideas o resolver esas dudas existenciales por las que únicamente algunos reflexionan en Navidad. Es curioso, pero nadie sabe explicar por qué en fiestas todos no podemos evitar intentar decidir si todo lo realizado hasta ahora merece la pena o no. En mi caso yo pienso que sí. Quizá haya cometido errores este año, pero soy de las que piensan que los errores te hacen más fuerte. ¿Qué sería de la alegría sin la tristeza?, ¿y de los aciertos sin equivocaciones? También creo en que cada fallo tiene su recompensa en el futuro, aunque sea un futuro muy lejano. Espero que este año que viene traiga cada una de las recompensas de mis errores del pasado. Sea así o no, nunca llegaré a arrepentirme de todo lo que he hecho mal, todo ocurre por una razón, ¿no?
sábado, 24 de diciembre de 2011
domingo, 27 de noviembre de 2011
Invierno
Entonces llega de nuevo el invierno, con su gélida nieve que viste a la ciudad de blanco. Todos los recuerdos del verano desaparecen dejando solo la esperanza de que el mundo vuelva a empezar a partir de diciembre, de que la nieve que viste la ciudad limpie todo lo malo existente en el mundo. Miro al cielo, cierro los ojos. Dejo que los copos de nieve se posen en mis pestañas. Me olvido por un momento de mi existencia, de toda la gente que me rodea. Ya no están allí. Sólo estoy yo. Todo este silencio se ve interrumpido por una risa. Noto tu presencia. Tú. ¿Por qué has vuelto? Vete no quiero que estés aquí. Pero entonces me rodeas con tus brazos. Debería soltarme, pero no lo hago, no quiero separarme de ti. No me sueltes, no vuelvas a alejarte. Me giro y me encuentro con tus labios. Quiero besarte pero no puedo, no puedo fallarme otra vez a mí misma, no volverás a hacerme daño. Echo a correr calle abajo hasta llegar a la parada del metro, lo mejor será alejarme de allí lo antes posible. Una gélida lágrima baja por mis mejilla y de nuevo apareces tú. Tú y tu estúpida sonrisa. Me besas, el barullo de la gente bajándose del vagón no consigue separarnos. Debo marcharme, lo entiendes, ¿verdad? Me alejo y subo al vagón. Un último adiós, te quiero.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Siempre
Tras cinco horas de viaje por llegué a la playa.
Me bajé del coche y, dejándome llevar por un sentimiento de nostalgia, me acerqué corriendo hasta la orilla. Miré al horizonte. Allí, en el fondo, el sol se escondía de nuevo en el mar. Me quité los zapatos y olvidàndome de todo lo demás, entré en el agua.
Una brisa fresca acarició mi cara trayendo consigo ese olor a mar que tanto me recordaba a la infancia, a los buenos tiempos en los que no había preocupaciones ni nada en lo que pensar.
Fui caminando por la orilla hasta el final de la playa, esquivando las olas que me querían atrapar. Allí estaba, una pequeña cabaña sobre la arena. Aquella cabaña había sido mi refugio durante toda mi vida, o al menos desde lo que conseguía recordar. Toda ella estaba hecha de madera y decorada con conchas, piedras y corales que mis amigos y yo encontramos buceando en el mar. Quise entrar, pero pensé mejor en volver a casa y regresar en otra ocasión, quizá mañana, cuando el sol pueda iluminarla.
Llegué a casa tan cansada que ni siquiera cené a pesar del hambre. Me encerré en mi habitación. Había sido un día muy largo. En ese insante empecé a recordar todo lo que había ocurrido en aquel pueblo. Los buenos momentos, los malos, las risas, los llantos... Encendí mi reproductor y me dediqué simplemente a tumbarbe en la cama y dejarme llevar por el sonido de la música que inundaba mis oídos.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Piérdete
Creí que te quería, que eras realmente la persona con la que me gustaría estar, pero ahora veo cuanto estaba equivocada. Me has hecho daño, yo no lo quería ver, pero por fin he dejado de estar ciega y he abierto los ojos. Y todo esto gracias a mis amigos, por eso les pido a todos ellos perdón por no haber visto lo que pasaba ante mis ojos. Gracias, muchas gracias a todos ellos. Quiero olvidarte y eso es lo que voy a hacer, no volveré a permitir que juegues más conmigo, nunca más. Ya no eres importante para mí, ¿sabes qué? ya no te quiero. Encima me tratas como si tú fueses mejor que yo. Debo darte una mala noticia, no lo eres
Hazme un favor, piérdete.
lunes, 10 de octubre de 2011
Te quiero
No puedo dejar de darle vueltas... creo que te quiero. Cuando ríes, cuando lloras, cuando te enfadas, cuando me haces reír, cuando me tocas, cuando me miras...
Siempre que te veo con otras siento que podría morirme y yo nunca he sido tan celosa. Sé que no llegarás a ver esto nunca pero, te quiero, te necesito. Eres como la parte de mí que siempre me ha faltado, y no puedo llenar su vacío con nada ni nadie más. Pero sé que no puedo tenerte, todo esto me queda grande, nunca llegaré a ser como ellas.
¿Mi mayor deseo?, que me quieras.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Ella...
¿Tienes a alguien que es igual que tú? Esa persona que inconscientemente completa tus frases antes de que llegues a pronunciarlas porque sabe lo que vas a decir, porque te comprende. Siempre pensé que soy distinta al resto de la gente, que nadie es como yo y que no encontraré a nadie que se me parezca y me sepa aceptar como soy. Entonces encontré a mi alma gemela, esa persona que sin quererlo piensa como tú y te entiende en tus decisiones porque es posible que ella las hubiese tomado también así. Esa chica se llama Silvia y es sencillamente perfecta.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Vuélvelo a intentar
¿Has tenido alguna vez uno de esos días en los que quieres desaparecer y no volver jamás? Uno de esos días en los que te digan lo que te digan tú pensarás igual, y que crees que tus problemas no tienen arreglo, quizá porque no quieres ver la solución, y en el fondo sabes que estas siendo pesimista y que deberías dar otra oportunidad a la vida, porque quizá te merezcas ser feliz, pero no puedes verlo. Estás ciega, y en tu ceguera sigues ahogándote en tu pena sin saber que hacer, pero tampoco intentas buscar una respuesta, algo claro en ese bosque lleno de plantas trepadoras que no te dejan ver la luz. Intentas escalarlas una y otra vez en vano. "No puede ser, no podré conseguirlo", piensas pero entonces ves a un rayo de sol que se cuela en ese bosque, sigues a la luz y por fin llegas a un lugar seguro, donde nada ni nadie podrá hacerte daño. "Ya está ya pasó" te dices a ti misma, pero no te das cuenta de que es tan solo un claro del bosque, que en cuanto salgas de allí tendrás que adentrarte de nuevo entre las plantas. "Nunca me iré de aquí" crees en ese momento, pero al final tendrás que irte de allí, escoger otro camino, un camino en el que te toca luchar contra las plantas porque tienes que salir, puedes salir.
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