domingo, 27 de noviembre de 2011

Invierno

Entonces llega de nuevo el invierno, con su gélida nieve que viste a la ciudad de blanco. Todos los recuerdos del verano desaparecen dejando solo la esperanza de que el mundo vuelva a empezar a partir de diciembre, de que la nieve que viste la ciudad limpie todo lo malo existente en el mundo. Miro al cielo, cierro los ojos. Dejo que los copos de nieve se posen en mis pestañas. Me olvido por un momento de mi existencia, de toda la gente que me rodea. Ya no están allí. Sólo estoy yo. Todo este silencio se ve interrumpido por una risa. Noto tu presencia. Tú. ¿Por qué has vuelto? Vete no quiero que estés aquí. Pero entonces me rodeas con tus brazos. Debería soltarme, pero no lo hago, no quiero separarme de ti. No me sueltes, no vuelvas a alejarte. Me giro y me encuentro con tus labios. Quiero besarte pero no puedo, no puedo fallarme otra vez a mí misma, no volverás a hacerme daño. Echo a correr calle abajo hasta llegar a la parada del metro, lo mejor será alejarme de allí lo antes posible. Una gélida lágrima baja por mis mejilla y de nuevo apareces tú. Tú y tu estúpida sonrisa. Me besas, el barullo de la gente bajándose del vagón no consigue separarnos. Debo marcharme, lo entiendes, ¿verdad? Me alejo y subo al vagón. Un último adiós, te quiero.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Siempre

Tras cinco horas de viaje por llegué a la playa.
Me bajé del coche y, dejándome llevar por un sentimiento de nostalgia, me acerqué corriendo hasta la orilla. Miré al horizonte. Allí, en el fondo, el sol se escondía de nuevo en el mar. Me quité los zapatos y olvidàndome de todo lo demás, entré en el agua.
Una brisa fresca acarició mi cara trayendo consigo ese olor a mar que tanto me recordaba a la infancia, a los buenos tiempos en los que no había preocupaciones ni nada en lo que pensar.
Fui caminando por la orilla hasta el final de la playa, esquivando las olas que me querían atrapar. Allí estaba, una pequeña cabaña sobre la arena. Aquella cabaña había sido mi refugio durante toda mi vida, o al menos desde lo que conseguía recordar. Toda ella estaba hecha de madera y decorada con conchas, piedras y corales que mis amigos y yo encontramos buceando en el mar. Quise entrar, pero pensé mejor en volver a casa y regresar en otra ocasión, quizá mañana, cuando el sol pueda iluminarla.
Llegué a casa tan cansada que ni siquiera cené a pesar del hambre. Me encerré en mi habitación. Había sido un día muy largo. En ese insante empecé a recordar todo lo que había ocurrido en aquel pueblo. Los buenos momentos, los malos, las risas, los llantos... Encendí mi reproductor y me dediqué simplemente a tumbarbe en la cama y dejarme llevar por el sonido de la música que inundaba mis oídos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Piérdete

Creí que te quería, que eras realmente la persona con la que me gustaría estar, pero ahora veo cuanto estaba equivocada. Me has hecho daño, yo no lo quería ver, pero por fin he dejado de estar ciega y he abierto los ojos. Y todo esto gracias a mis amigos, por eso les pido a todos ellos perdón por no haber visto lo que pasaba ante mis ojos. Gracias, muchas gracias a todos ellos. Quiero olvidarte y eso es lo que voy a hacer, no volveré a permitir que juegues más conmigo, nunca más. Ya no eres importante para mí, ¿sabes qué? ya no te quiero. Encima me tratas como si tú fueses mejor que yo. Debo darte una mala noticia, no lo eres
Hazme un favor, piérdete.


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(L)