Sentada en la arena de la playa aún cuando cierro los ojos te siento aquí, a mi lado, convenciéndome de que todo irá bien. Echo de menos tu sonrisa, esa en la que pocos saben lo que se esconde, todo el pasado que yo te ayudé a vivir. Por fin estaban cambiando las cosas, ahora era yo la víctima y tú mi héroe, pero duró por poco tiempo. Aún las lágrimas de aquel día regresan a mis ojos al recordar la situación: tú y yo sentados en la misma cala de siempre, pero aquella vez con una mala noticia que darme, una que me cambiaría la vida. Tú no podías morir, no podía acabar todo tan pronto, pero así el médico lo confirmó. Estaban todos equivocados, no eran tus tres últimos meses de vida, sino los míos. Ahora nada tiene sentido. Me siento muy sola sin nadie ni nada a lo que aferrarme. Los recuerdos van y vienen, y pronto lo olvidaré todo. He decidido guardarte en mi memoria para siempre metiendo las pequeñas cosas que mejor te representan en el joyero que me regalaste, ése en el que una bailarina gira al compás del Lago de los Cisnes cuando lo abres. Ahí dentro se encuentran ahora tu reloj azul cielo, tus cartas desde América, las fotos juntos, aquel ramillete de flores secas, la caracola que te regalé y el resto de objetos más importantes.
Busco un hueco entre las rocas y allí lo dejo, a salvo del mar, del viento y del olvido.
jueves, 23 de agosto de 2012
viernes, 3 de agosto de 2012
Impotencia
Mírala, tan pequeña e inmadura, dejando que la toquen, ofreciendo su cuerpo a toda persona interesada. Sé que no puedo ayudarla, sólo ella puede salvarse, pero no se da cuenta de el daño que se hace. Es duro verla así, vendida, tan inocente ante todas esas almas manchadas que se aprovechan de ella. Se encuentra perdida y sola, pero no quiere aceptarlo. Ella quiere que la quieran, y en su intento falla sin remedio. Abre los ojos por favor, quiero que veas algo. ¿Ves bien a esa chica de la que te hablo? ¿Ves a ese corazon destrozado? ¿Ves esa cara demacrada y esa mirada perdida? Ahora quiero que me escuches bien porque es la primera vez que alguien te cuenta la verdad. Esa niña desolada eres tú.
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